lunes, 6 de junio de 2011

Jose de San Martín - El hombre olvidado -

Todos reconocemos  esta imágen del General Don José de San Martín, pero muy pocos conocen al hombre detras del militar. Que pensaba, que sentía , que opinaba...


Máximas y pensamientos


Estoy firmemente convencido que los males que afligen a los nuevos Estados de América no dependen tanto de sus habitantes como de las constituciones que los rigen. Si los que se llaman legisladores en América hubieran tenido presente que a los pueblos no se les debe dar las mejores leyes, pero sí las mejores que sean apropiadas a su carácter, la situación de nuestro país sería diferente.
 

La reputación del generoso puede comprarse muy barata; porque no consiste en gastar sin ton ni son, sino en gastar con propiedad.
Antes sacrificaría mi existencia que echar una mancha sobre mi vida pública que se pudiera interpretar por ambición.
La ilustración y fomento de las letras es la llave maestra que abre la puerta de la abundancia y hace felices a los pueblos.
La moderación y la buena fe, tales los fundamentos sobre los que apoyo mis esperanzas de ver estrechados los vínculos sagrados que nos unen, y de no aventurar un solo paso que pueda romperlos o debilitarlos.
Por inclinación y principios amo el gobierno republicano y nadie, nadie lo es más que yo.
En mis providencias malas o buenas, jamás ha tenido parte la personalidad y sí sólo el objeto del bien e independencia de nuestro suelo.
Es cierto que tenemos que sufrir escasez de dinero, paralización del comercio y agricultura, arrostrar trabajos y ser superiores a todo género de fatigas y privaciones; pero todo es menos que volver a uncir el yugo pesado e ignominioso de la esclavitud.
Deseo que todos se ilustren en los sagrados derechos que forman la esencia de los hombres libres.
Mis necesidades están más que suficientemente atendidas con la mitad del sueldo que gozo.
La seguridad individual del ciudadano y la de su propiedad deben constituir una de las bases de todo buen gobierno.
Dios conserve la armonía, que es el modo de que salvemos la nave.
No se debe hacer promesa que no se pueda o no se deba cumplir.
El empleo de la fuerza, siendo incompatible con nuestras instituciones, es, por otra parte, el peor enemigo que ellas tienen.
Mi barómetro para Conocer las garantías de tranquilidad que ofrece un país las busco en el estado de su hacienda pública y, al mismo tiempo, en las bases de su gobierno.
La marcha de todo Estado es muy lenta; si se precipita, sus Consecuencias son funestas.
No nos ensoberbezcamos con las glorias y aprovechemos la ocasión de fijar la suerte del país de un modo sólido y tranquilo.
La religiosidad de mi palabra como caballero y como general ha sido el caudal sobre el que han girado mis especulaciones.
Todo buen ciudadano tiene una obligación de sacrificarse por la libertad de su país.
Mi objeto desde la revolución no ha sido otro que el bien y felicidad de nuestra patria y al mismo tiempo el decoro de su administración.
Cada gota de sangre americana que se vierte por nuestros disgustos me llega al corazón.
En el último rincón de la tierra en que me halle estaré pronto a sacrificar mi existencia por la libertad.
Al americano libre corresponde trasmitir a sus hijos la gloria de los que contribuyeron a la restauración de sus derechos.
Tiempo ha que no me pertenezco a mí mismo, sino a la causa del continente americano.
Divididos seremos esclavos, unidos estoy seguro que los batiremos: hagamos un esfuerzo de patriotismo, depongamos resentimientos particulares, y concluyamos nuestra obra con honor.
Nuestros desvelos han sido recompensados con los santos fines de ver asegurada la independencia de la América del Sud.
La armonía, que creo tan necesaria para la felicidad de América, me ha hecho guardar la mayor moderación.
Voy a hacer el último esfuerzo en beneficio de la América. Si éste no puede realizarse por la continuación de los desórdenes y anarquía, abandonaré el país, pues mi alma no tiene un temple suficiente para presenciar su ruina.
Para defender la libertad se necesitan ciudadanos, no de café, sino de instrucción y elevación moral.
Estoy convencido que la pasión del mando es, en general, lo que con más imperio domina al hombre.
Hombres que se abandonan a los excesos son indignos de ser libres.
Los hombres distamos de opinión como de fisonomías, y mi conducta, en el tiempo en que fui hombre público, no pudo haber sido satisfactoria a todos.
No es en los hombres donde debe esperarse el término de nuestros males: el mal está en las instituciones y sólo en las instituciones.
Ser feliz es imposible, presenciando los males que afligen a la graciada América.
Los hombres no viven de ilusiones sino de hechos.
Mi nombre es ya bastante célebre para que yo lo manche cor infracción de mis promesas.
Las consecuencias más frecuentes de la anarquía son las de producir un tirano.
Ya veo el término a mi vida pública y voy a tratar de entregar esta p da carga a manos seguras, y retirarme
Ya veo el término a mi vida pública y voy a tratar de entregar esta p da carga a manos seguras, y retirarme a un rincón a vivir como hombre.
Es necesario tener toda la filosofía de un Séneca, o la impudicia un malvado para ser indiferente a la calumnia.
Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas.
Tan injusto es prodigar premios como negarlos a quien los merece.
Al hombre honrado no le es permitido ser indiferente al sertimiento de la justicia.
Nada suministra una idea para conocer a los hombres como una revolución.
Vía Planeta Sedna

Quizá a alguno de quienes lo leen les haya inspirado para ser una mejor persona, con eso es suficiente...

@adrinesitas

Luis Huergo - 6 DE JUNIO: DÍA DE LA INGENIERÍA ARGENTINA


Es el Día de la Ingeniería en conmemoración de la fecha de graduación del primer ingeniero argentino en la Universidad de Buenos Aires: Luis Huergo 


LUIS AUGUSTO HUERGO:
Nació en Buenos Aires en 1837. Cursó estudios en Estados Unidos y a los 20 años regresó a su país para proseguir sus estudios graduándose de Agrimensor. Cuando se crea la carrera de Ingeniería Civil, en 1866, decide ingresar a la Universidad de Buenos Aires y en 1870 se convirtió en el primer egresado. Uno de sus primeros trabajos como ingeniero fue la construcción del Camino Blanco a Ensenada y en 1876 fue nombrado por concurso para dirigir las obras del Ricachuelo, transformándolo en un puerto que podía recibir barcos de gran tamaño, que hasta entonces debían fondear a varios kilómetros de la costa.
En el año 1881 presentó el proyecto de construcción del puerto de Buenos Aires. Era un canal de entrada de 200 metros y 7 de profundidad, con diques en forma de peine que se irían construyendo a medida que fueran necesarios. Pero al año siguiente Eduardo Madero presenta otro proyecto alternativo y luego de una serie de controversias el Ministerio del Interior aprobó la idea de Madero y se lleva a cabo la obra. Entonces Huergo renunció a su cargo, ya que Madero reprobó la construcción del canal que había sido realizado en el Riachuelo. El tiempo demostró que el plan de Huergo era el apropiado y todos los desarrollos realizados con posterioridad fueron acordes con su proyecto. Fue diputado y senador y ministro de Obras Públicas de la Provincia de Buenos Aires; profesor y decano de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires y cofundador y presidente de la Sociedad Científica Argentina. Viajó a Inglaterra para contratar la construcción de 120 puentes que le encargó el Gobierno, construyó el primer dique seco de nuestro país en San Fernando, hizo el proyecto del ramal de ferrocarril entre Buenos Aires y Villa Mercedes en San Luis, participó en el proyecto del Dique San Roque en Córdoba, diseño y construyó junto a otros ingenieros Puerto Belgrano. Además, en el exterior participó del proyector del puerto y las obras de aguas corrientes y cloacas de Asunción del Paraguay.
El ingeniero Luis Huergo murió en Buenos Aires el 4 de noviembre de 1913.

Vía
La Auténtica Defensa. Edición del miércoles, 06/jun/2007.

@adrinesitas